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Transmisión Febrero 10 de 1996

¿Por qué la nomenclatura no ha depuesto a Fidel Castro?

I

Hombres y mujeres que viajan a Cuba y hacen contacto con el gobierno, o que conversan con algunos funcionarios cubanos en el extranjero, se maravillan de que Fidel Castro esté aún en el poder, dado el grado de hostilidad hacia él en toda la isla, tanto en medios privados como oficiales. Basta conversar a un cierto nivel de confianza con funcionarios cubanos, dentro o fuera de Cuba, para que inmediatamente surja el tema de los disparates de Fidel Castro y de la confianza que él tiene en su aparato de represión. A juzgar por lo que dicen, el rechazo hacia Fidel Castro en las estructuras oficiales es igual o mayor que el que existe en la masa del pueblo.

No es fácil aceptar ese tipo de información, a pesar de que se recibe con bastante frecuencia. En gran parte de los que viven fuera de Cuba, lo primero que les viene a la mente es que los funcionarios cubanos que hablan contra Castro son en realidad espías, agentes provocadores, que buscan infiltrarse entre los exiliados o emigrados cubanos, o en otros gobiernos. Y razones hay de sobra para pensar así, pues muchos han sido los casos, en estos treinta y tantos años, en que la inteligencia castrista ha logrado infiltrar agentes tanto entre la emigración y el exilio como en otros gobiernos, y han llegado hasta a hacer contacto con la mismísima CIA, la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, chivo expiatorio de todos sus fracasos. Sobre esos funcionarios cubanos que se manifiestan tan antagónicos a Castro otros estiman que simplemente quieren desde ahora lavarse las manos ante el desastre que se abate sobre el pueblo de Cuba y poder señalar, a la caída del régimen, que son antiguos opositores de Castro, aún estando en las filas del gobierno, y a veces hasta en alto nivel. Nosotros pensamos que en las dos tesis se dan razones que pueden ser atendibles, pero que no son satisfactorias.

Creemos que formar parte de un gobierno no entraña necesariamente una adhesión acrítica o absoluta a quien lo dirige. Además, la visión y credo político que un hombre tiene al entrar a formar parte de un gobierno, y su opinión respecto a quien lo dirige, no son necesariamente los mismos después de haber compartido responsabilidades oficiales por un período de tiempo más o menos prolongado. Una vez dentro de los círculos exclusivos del poder, la perspectiva que se tiene de dirigentes y políticas es muy distinta a la del observador externo. La historia abunda en ejemplos de gobiernos que han sido derribados por los que estaban en él o por las fuerzas que los respaldaban. Las clases privilegiadas, dentro y fuera del gobierno, produjeron las fuerzas decisivas que derrocaron a Luis XVI y Nicolás II en las revoluciones francesa y rusa de 1789 y 1917. En Cuba, las guerras de independencia de 1868 y 1895 tuvieron sólidos bastiones entre la aristocracia del dinero y el intelecto. Los derrocamientos de Machado y Batista, en Agosto 12 de 1933 y en Enero 1º de 1959 fueron impulsados asimismo por la burguesía media, los intelectuales, los profesionales y los estudiantes, que más eran privilegiados que desposeídos. Por supuesto, en todos esos casos se daban en la nación condiciones económicas y sociales que creaban esas actitudes entre los privilegiados, los cuales respondían en sus pronunciamientos a fuerzas existentes en el pueblo, que en las más de las ocasiones se sumaba a la rebelión.

A los que no creen en la hostilidad contra Castro en las filas oficiales hay que recordarles que en estos treinta y tantos años se han producido innumerables desacuerdos, rebeldías y deserciones de funcionarios castristas, aún en los más altos niveles del gobierno, tanto civiles como militares y de los cuerpos de seguridad. En muchos casos escaparon de Cuba y llegaron al extranjero. Entre los casos en que no escaparon, quizá el más notorio, aunque ciertamente no el más importante, fué el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa y el Teniente Coronel Tony de la Guardia, que posteriormente llevó a que se preparara el asesinato en prisión de José Abrantes, quien fué inseparable de Fidel Castro y durante años su Ministro del Interior. Y ni hay que mencionar las docenas de casos de suicidios, caídas en desgracia, ostracismos, conversión en no persona, que ha afectado en estos treinta y seis años a muchos que cuando tenían la aprobación de Fidel Castro creyeron que ésa era una situación permanente. Muchos tuvieron la ingenuidad de creer que aún sin reconocer sus propios errores públicamente, él era capaz de comprenderlos, sentir amistad por los que lo acompañaban o agradecer servicios prestados, y esa ingenuidad al juzgar a Fidel Castro los llevó a la muerte. Y a innumerables otros, a prisión. Y habiendo sido y siendo tan generalizados el descontento y la crítica hacia Fidel Castro dentro del gobierno, y a veces aún en altas esferas oficiales, ¿por qué la propia nomenclatura no lo ha eliminado del poder? Esa es la pregunta que se hacen, y nos hacen, tantos que han podido comprobar la animosidad hacia Fidel Castro en toda Cuba, y que cada día se estrecha más a su alrededor.

Quisiéramos dar una respuesta satisfactoria a esa pregunta. Pero como nuestra información aunque abundante no es total, sabemos que la respuesta que damos, que creemos correcta, es sólo parte de la verdad, es respuesta incompleta, y como tal tentativa y reservada.

Empecemos repitiendo algo que dijimos hace muchos años en una entrevista que nos hicieron en Radio Martí: La Habana es la capital del miedo. Pero es que ese miedo está sometido también a la ley de rendimientos decrecientes, llega un momento en que más cantidades de miedo no producen el efecto deseado de paralizar la voluntad del que puede actuar. Es todo lo contrario, cantidades adicionales de miedo pueden inducir a la acción. La caída de Robespierre el 27 de Julio de 1794, nueve Termidor en el calendario de la Revólución francesa, se produce en el momento en que el terror robespiriano estaba en su apogeo. Fué precisamente la angustia creciente de los miembros de la Convención lo que los llevó a decretar el arresto primero y después la muerte de Maximiliano Robespierre. El día antes, 26 de Julio, era el hombre más temido de Francia, el 27 era condenado a muerte y el 28 guillotinado por la misma revolución que había dirigido. Sucede mucho en la historia que a un 26 de Julio siguen un 27 y un 28 de Julio. Creemos que en Cuba se va por ese camino.

Y es oportuno traer este tema a nuestra transmisión, pues la zafra de 1995-96 parece encaminarse a un fracaso más estrepitoso que la del año pasado. Y como Fidel Castro siempre necesita culpar a alguien de su propia incapacidad, miopía e irresponsabilidad, se espera que haya depuraciones en el gobierno. Está por ver si los que caigan perderán sólo sus posiciones.

En nuestra próxima transmisión terminaremos esta respuesta parcial, tentativa y reservada, a la pregunta ¿por qué la nomenclatura no ha expulsado ya del poder a Fidel Castro?

Desde Washington, les habló Emilio Adolfo Rivero.


 
   

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New Cuba Coalition
P. O. Box 14077
Washington, D. C. 20044-4077
Dr. Emilio-Adolfo Rivero — President
Ernesto Díaz-Rodríguez — Vice President
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