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Informe 16 al pueblo de Cuba 

Septiembre 16 de 1995


Hace unos días, el 5 de septiembre, se aprobó por el gobierno una ley sobre inversiones en Cuba. A esos inversionistas extranjeros Fidel Castro les ofrece seguridades y garantías, como también ofreció seguridades y garantías, durante tres décadas y media,

al pueblo de Cuba, a los movimientos insurrecccionales de América Latina, al Che Guevara cuando peleó en Bolivia, a los pueblos de las naciones de Africa, a lols veteranos de las fuerzas armadas cubanas que pelearon durante años en esos países; las mismas garantías y seguridades que en el momento que le fue convenienete ofreció a los presidentes Urrutia y Dorticós, a los generales Arnaldo Ochoa, Tony la Guardia, al Ministro del Interior José Abrantes y a tantos y tantos oficiales de las fuerzas armadas y del Ministerio del Interior que hoy son personas virtualmente inexistentes, o están en prisión, o bajo tierra. Todos creyeron en las garantías y seguridades de Fidel Castro y pagaron un alto precio por haber creído. A estos inversionistas que, indiferentes a lo que está padeciendo el pueblo e ignorante de la historia de estos últimos treinta y cinco años, vienen a Cuba atraídos por la posibilidad de ganancias, también les llegará su turno. Ellos también pagarán el precio por haber creído en Fidel Castro. Como dice la Biblia, ahí erá el lloro y el crujir de dientes.

¿Y cuáles son las posibilidades que tienen esos inversionistas de recobrar sus inversiones? ¿Cómo se atreven a invertir en Cuba? Saben de la deuda exterior cubana de más de teinta mil millones de dólares, del clima de feroz represión imperante en el país contra cualquiera que seexprese en contra del Gobierno; conocen que en la fuerza laboral hay más de cincuenta por ciento de desempleados, están al tanto de que más del setenta por ciento de las fábricas están paralizadas por falta de respuestos o insumos, se les ha informado que hay cientos de  miles de hombres y mujeres en prisión por delitos comunes que no se hubieran realizado sin el grado de desesperación en que vive el pueblo; saben que por primera vez en su historia en Cuba hay miles de personas que sufren de sarna y que están atacados pr los piojos; es pública que la última zafra azucarera fue la más baja que ha tenido Cuba desde tiempos anterioes a Machado, en los años veinte.

Entonces, sabiendo todo eso, en un clima político tan peligroso, ¿cómo es que se atreven a invertir en Cuba? Pues esos inversionistas piensan que si Fidel Castro permanece en el poder, él es el primer interesado en hacer productivas esas inversiones, pues ya sea por medio de impuestos directos o indirectos, el gobierno recibirá ingresos en dólares y, si participa en empresas conjuntas con los inversionistas, con mejor razón tratará de protejerlas. Piensan que como ya no existe la Unión Soviética, y dado el monto de las necesidades de Cuba, Fidel Castro tiene que negociar con el mundo capitalista. Y piensan también que si se produce una rebelión en Cuba, y cae Castro, el nuevo gobierno para lograr reconocimiento internacional, tendrá que declarar su respeto por los compromisos internacionales del Estado cubano. Y sin grandes preocupaciones  por lo que pueda pasar en el futuro, y con el desprecio que muchos de esos inversionistas sienten hacia los países subdesarrollados, posiblemente piensen que, en fin de cuentas, cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

¿Y cuáles son los cálculos de Fidel Castro? Pues Fidel Castro estima que esos capitalistas que invierten en Cuba serán, en forma abierta o disimulada, los más interesados en darle respaldo político a nivel internacional, pues así protejen sus propios intereses. Lo que pase al pueblo cubano, la miseria que sufre el pueblo cubano, la represión que sufre el pueblo cubano, él sabe que a ellos ni les concierne ni les interesa, pues según la tan conocida frase que él mismo recuerda, los capitalistas son capaces, para obtener ganancias, de vender la soga con la que se les ha de ahorcar.

¿Y dónde se equivocan  los razonamientos de fidel Castro y de los que hoy, bajo su gobierno, invierten en Cuba?

Fidel Castro se equivoca al olvidar el dictum marxista de cuando las relaciones de producción entran en conflicto con las fuerzas productivas de un país, se produce la crisis que lleva al cambio de sistema. Fidel Castro y su gobierno son hoy la clase dominante, leáse las relaciones de producción, cuyos intereses entran en conflicto y son irreconciliables con las fuerzas productivas del país, leáse el pueblo cubano. Tanto hablar de marxismo y no lo tiene en cuenta.

Y hay una parte equivocada, o ignorada, en el razonamiento de los que hoy invierten en Cuba. Es cierto que el gobierno que sustituya a Castro tendrá que respetar los compromisos internacionales y que tendrá que estimar como sacrosanta la propiedad privada, si es que se quiere atraer la contribución del capitalismo internacional y sus inversiones, en la reconstrucción de Cuba. Pero también es cierto que las ideas evolucionan, y que la democracia se hace más efectiva y operante que nunca en las relaciones internacionales. Si cuando terminó la segunda guerra mundial se establecieron por primera vez en la historia los tribunales para juzgar crimenes de guerra, es muy posible que pueda plantearse ante los tribunales el crimen económico que consiste en respaldar con inversiones la permanencia en el poder de un régimen tiránico, corrupto y violador sistemático de los derechos humanos. El pueblo cubano tendrá derecho a pedir compensación económica por el respaldo que dieron a Castro estos inversionistas. Y no sólo podrá incautarse de esas inversiones para compensar el daño sufrido sino que además podrá reclamar, en tribunales internacionales, sumas adicionales. Es mucho el daño social y humano que causa su codicia. Nuestras reclamaciones corresponderán al valor económico de ese daño. Esta idea debe convertirse en doctrina, la proclamamos, y por ella lucharemos sin descanso. Estos inversionistas socios de Castro pensarán que esa será una lucha inútil contra los medios poderosos del mundo capitalista. Y ahí también se equivocan, pues para librarla buscaremos la alianza y el auxilio de capitalistas –hay muchos- con criterios éticos y morales, y convicción democrática. Cuba será libre. A ellos, entonces, los invitaremos a que inviertan en este país que ha sufrido tanto. Y les ofreceremos grandes ganancias, a que tendrán derecho por no haber sido cómplices en el degradamiento y la opresión del pueblo cubano.

Desde Washington, les habló Emilio Adolfo Rivero.        

 

       

 

 
   

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