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Informe al pueblo de Cuba

1995.


El primer propósito que tenemos al iniciar estas transmisiones es llamar al pueblo de Cuba a que tome conciencia de su su propia fuerza y se decida a ser dueño de su destino. Los cubanos pueden y deben recobrar su libertad y comprender que es con la unión de todos, en el esfuerzo común, que devolveremos a Cuba la prosperidad que le pertenece, por sus riquezas naturales y la laboriosidad de su pueblo. La proliferación de grupos disidentes dentro de Cuba, a los que expresamos nuestro compañerismo y solidaridad, y la resistencia pasiva a través de todo el territorio cubano, sumados al tenaz activismo libertario en la emigración y el exilio, son evidencia diaria de que el pueblo, en Cuba y fuera de Cuba, desafiando peligros y superando dificultades, avanza hacia el derrocamiento de Fidel Castro y la reconstrucción de la patria.

Todos los cubanos, dentro y fuera de Cuba, somos uno. Con nuestros acietos, y nuestros errores, todos hemos aprendido. Engañan y contribuyen a explotar y avasallar al pueblo los que hablan de la necesidad de reconciliación y conversaciones entre los cubanos residentes en Cuba y fuera de Cuba. No tiene que haber reconciliación donde no hay enfrentamiento, cuando se comprende la realidad y se tienen anhelos comunes de futuro. El enemigo de todos es Fidel Castro. El es el que divide y empobrece al pueblo. Sus intereses y los de Cuba son contradictorios e irreconciliables, Su único propósito es permanecer en el poder, perpetuando el despotismo, el crimen oficial, la incapacidad, la corrupción y la ruina. Su desaparición de la vida pública es el primer paso hacia la prosperidad y la reconstrucción.

La discrepancia, la polémica cívica, la pluralidad y contradicción de opiniones, han sido y son fructíferas. Contribuyen a esclarecer juicios, a buscar alternativas, a afinar criterios. Cuba necesita de estudios, de proyectos, de programas, y de hombres y mujeres que los desarrollen y materialicen. Su diversidad no nos debe arredrar. Producen saldos positivos en la cosa y quehacer públicos. Pero el crimen, la corrupción, la soberbia, el empecinamiento en el error y el capricho no son errores, son vicios y perversiones del caracter y la conducta, son morbos de la política. Son inadmisibles y necesitan ser erradicados. Coincidir con Fidel Castro, propiciar fórmulas que lo perpetúen en el poder, prolongando así la agonía del pueblo de Cuba, no es tener opinión, es ser cómplice en el crimen.

Que desde el exilio y la emigración viajen algunos a entrevistarse con Castro, y que tenga en Cuba la cooperación de viejos y nuevos servidores, son cosas que no deben extrañarnos. Siempre crean nuevos proyectos y leyes, que revocan con la misma facilidad y frecuencia conque los establecen. Son sólo ropajes y máscaras para entretener la opinión y ganar tiempo. Son la tramoya de la irresponsabilidad y el delito públicos. Calígula y Nerón en la antigua Roma, Hitler y Satalin en Europa, Huerta en México y Batista en Cuba,en un pasado más reciente, son algunos ejemplos de los que, en mayor o menor medida, crearon mitos y abusaron de sus pueblos. Son execrados por el juicio de la posteridad. Sin embargo, hasta sus últimos momentos de poder tuvieron colaboradores en sus crímenes y excesos. Siempre existen los que, sin criterio ético, atraídos por la llama del poder, revolotean alrededor de los mandones de turno. Pero a esos cómplices, débiles a la vez que arrogantes, la historia no los menciona ni los mencionará, Nadie ha lamentado nunca su desaparición. Pasan, sin dejar recuerdo.

Cuba está endeudada en treinta mil millones de dólares, más de la mitad de las fábricas están paralizadas por falta de equipos o insumos; la industria azucarera, o lo que queda de ella, cada día produce menos y a mayor costo, la ganadería, la pesca, la minería, todo va en descenso creciente, el peso no tiene poder adquisitivo en lo poco que se puede comprar; más de la mitad de la fuerza laboral está desempleada; el cubano carece de todo mientras que el extranjero, en tiendas especiales, tiene acceso a todos los bienes; miles de familias lloran la pérdida de sus hijos en Africa, en guerras sin explicación ni motivo, decenas de miles de veteranos de esas guerras recuerdan sus sacrificios inútiles y los miles de millones de dólares derrochados en esas aventuras irracionales; miles y miles de muchachas cubanas, lo más bello y esperanzador de nuestra juventud, son lanzadas a la prostitución a fin de que el Estado, en las tiendas en que ellas compran, puede recolectar los dólares que ellas obtienen con la venta de sus cuerpos al turista aprovechado, insolente y procaz; la sarna y los piojos, que ni los perros tenían en Cuba, hoy hacen estrago en nuestra población; los hospitales están sin medicinas, sin toallas ni sábanas, sin agua, sin anestesia, mientras que los propagandistas de Fidel Castro en el extranjero pregonan los logros de la salud pública bajo su gobierno. Todo es engaño, corrupción, explotación y mentira.

Es al pueblo cubano, a todos y cada uno de los hombres y mujeres de nuestra patria, a los obreros, los campesinos, los estudiantes, los funcionarios, los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, los miembros de las asambleas del poder popular y de los comités de defensa de la revolución, a los comunistas y anticomunistas, a todos, a los que corresponde despertar de una vez por todas a la realidad de que nadie vendrá en socorro del pueblo de Cuba, que la libertad hay que ganarla, a costa de lo que sea necesario; que sin libertad nunca tendremos bienestar, y que esa libertad y los bienes y beneficios que ella traerá, sólo puede ser alcanzada por la acción del pueblo. La oposición a Fidel Castro es tan masiva que, con el esfuerzo sostenido y diario de cada uno, la libertad está a nuestro alcance. No será sin costos. Las privaciones y escaseses serán mayores en la etapa final de esta lucha. Ese es el precio que tenemos que pagar.    

                                                                                                              

 

 
   

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