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Informe 71 al pueblo de Cuba 20 de octubre de 1996 En el colegio, a los niños cubanos no se les enseña historia de Cuba, se les falsifica el pasado. Y al pueblo, todos los días, la prensa oficialista la falsifica el presente. El Granma, cuando se consigue -y todos sabemos para lo que se usa ese periódico- el radio y la televisión, dan informaciones que al pueblo parecen cosas de locos. Hablan de recuperación económica, de éxitos, de la zafra , de construcciones, y de los triunfos que se obtienen. La realidad que contempla el pueblo es muy distinta. Pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, Fidel Castro trata de convencer al pueblo de que la relidad no existe y que, si existe, está equivocada. La falsificación oficial de la realidad se comprueba día a díka cuando se habla de solidaridad con Cuba al mencionar la oposición a la ley Helms-Burton de países cuyos nacionales han hecho inversiones atraídos por Fidel Castro. Porque se quiere hacer aparecer que Estados Unidos se opone a que otros países comercien con Cuba. Y eso simplemente no existe. La tan comentada ley se refiere a los que trafican o comercian con propiedades incautadas a ciudadanos norteamericanos y cuyos dueños no recibieron compensación. Es práctica común, en derecho internacional, que los gobiernos protejan los derechos de sus nacionales en otros países. Y muchos de esos inversionistas que vinieron a Cuba, atraídos pñor las ventajas que les ofrecía Fidel Castro, sabían a ciencia cierta que se estaban aprovechando de propiedades ajenas, que habían sido confiscadas, y cuyos dueños no habían sido indemnizados. En todos los países del mundo se hace distinción entre los adquirentes de buena y mala fe. Cualquiera puede comprar, sin saberlo, una propiedad robada a un tercero, ése es un adquirente de buena fe. Pero cuando se compra un bien robado, a sabiendas de que es un bien robado, entonces se es cómplice en el robo, y es justo, normal, y práctica aceptada, que ese comprador sufra los efectos de su complicidad en el delito. Y los inversionistas que han ido a Cuba, y se han beneficiado al operar con propiedades que fueron confiscadas sin compensación a sus dueños, tendrán que sufrir por su codicia y mala fe. Pero es que también se falsifica la realidad al hablar de los ivnersionistas que acuden a Cuba. Porque lo que nunca se comenta es que acuden a Cuba atraídos pr las ventajas que les ofrece llegar a un país donde no puede haber huelgas, donde los salarios son bajos porque los obreros no pueden negociar sus contratos de trabajo, donde los empresarios se sienten generosísimos porque una o dos veces al mes dan a sus obreros y empleados jabones, pasta de dientes y desodorante, donde ofrecen una comida a la que esos obreros y empleados no tienen acceso en su vida normal, y donde las explotaciones mineras contaminan ríos y mares, ocasionando daños que, cusando no sean permanente, tardarán años en repararse. Y esos empresarios extranjeros que invierten en Cuba, saben que pagan a sus obreros y empleados salarios y sueldos de miseria, que llegan a los obreros en forma de pesos, de bajísimo valor adquisitivo, y que el noventa por ciento de su valor en dólares va directamente al gobierno de Fidel Castro, proporcionándole los medios de perpetuarse en el poder. Presionados por la necesidad propia y la de los niños o ancianos en sus familias, los obreros y empleados tienen que aceptar esas condiciones de trabajo y quizá hasta considerarse afortunados de trabajar en lo que se llama área del dólar. Pero saben perfectamente la explotación de que son objeto. Viven en Cuba, donde por primera vez en la historia republicana se dan por miles los casos de sarna y gente atacada por piojos, donde hombres y mujeres, además de su trabajo diario, tienen que consumir horas de su tiempo en hacer colas para conseguir los pocos alimentos que se obtienen por racionamiento, donde se vive con la angustia de esperar por los dólares que desde el extranjero mandan los amigos o familiares, donde se vive con la esperanza de ser premiado en la rifa de visas que permita salir de Cuba. Y los empresarios extranjeros saben todo eso y se aprovechan de esa miseria en que vive el pueblo, y tratan de recobrar rápidamente sus inversiones, pues saben que la situación en Cuba puede cambiar radicalmente de un día a otro, y que entonces el pueblo va a pedir cuentas a los que ayudaron a Fidel Castro a mantenerse en el poder a base de explotar la necesidad del pueblo. No existe la tal solidaridad con Cuba de los que rechazan la ley Helms-Burton. Lo que existe es la complicidad con Fidel Castro, lo que existe es la codicia de aprovecharse de las circunstancias de miseria en que vive el pueblo de Cuba, lo que existe es la oportunidad de mantener esquemas de relación entre metrópolis y colonia, explotando mano de obra barata mientras se saquean los recursos naturales, lo que existe es la oportunidad de alquilar o comprar mujeres jóvenes, desmoralizadas por la falta de horizontes y esperanzas en un país donde la mentira diaria es verdad oficial. Desde Washington, les habló Emilio Adolfo Rivero.
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