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Informe 87 al pueblo de Cuba 20 de Abril de 1997 Hace pocos días se anunció en Santa Clara que del 8 al 10 de octubre se celebrará el V Congreso del Partido Comunista de Cuba. Todos entienden el porqué de ese anuncio. Es el llamado de Fidel Castro a los comprometidos con él para que, en medio del empobrecimiento y ruina, que aumentan día a día, no se descuide el control, vigilancia y represión al pueblo. Necesitará mucha propaganda el anunciado V Congreso para que los cubanos no vean que en este año de 1997 se está realizando la peor zafra que se recuerda, que los trabajadores van al corte de caña y a los ingenios peor allimentados, vestidos y calzados que nunca, que en las ciudades se derrumban viviendas y destruyen calles, que disminuye el transporte público por falta de combustible y piezas de respuesto, que en las escuelas a los niños no se les enseña que Cuba llegó a ocupar el cuarto lugar en desarrollo en América Latina - pero se les hacen repetir consignas y adoctrinamiento- que en los hospitales no hay medicinas, ni anestésicos, ni sábanas, ni toallas, y muchas veces ni agua, que en toda Cuba, excepto en los hoteles para turistas, hay cada día más apagones y menos comida. Por todo eso, la convocatoria al V Congreso es ominosa, pues lo que pretende Fidel Castro no es mejorar la situación del pueblo sino continuar con su incapacidad, caprichos y represión, que han arruinado a Cuba y llevado el pueblo a la miseria, pero que lo ha mantenido en el poder, que es lo único que le interesa. Octubre cae dentro de la temporada ciclónica. Los ciclones son acontecimientos que duran pocos días. Y se puede calcular el costo de sus daños. Será muy difícil, sin embargo, calcular el costo del V Congreso, un ciclón de palabras que ya ha empezado, que azotará a Cuba durante varios meses, y que costará más represión, más hambre, más cientos de miles de horas perdidas, más corrupción con los suministros, más ausentismo, más bombardeos de embrutecedora propaganda, y más cólera y desesperación del pueblo, que ha perdido su soberanía y que comprende que con Fidel Castro la maquinaria oficial es todo engaño, burla, ordeno y mando. A las decenas de miles de hombres y mujereds que Fidel Castro apoda comunistas, les repetirá que son la fuerza dirigente de la sociedad. Sus delegados al V Congreso podrán discutirlo todo, excepto que Fidel Castro salga del poder, que es lo único que quiere el pueblo. Se condenará la ley Helms-Burton y el llamado bloqueo americano. Nadie explicará la relación de ese bloqueo con la desaparición de cien mil millones de dólares que regaló la Unión Soviética en treinta años de subsidios, ni con la destrucción de la industria azucarera, a pesar de que supuestamente se invirtieron en ella treinta mil millones de dólares, ni con la constante disminución del ganado, aunque supuestamente se invirtieron veinte mil millones en la industria ganadera, ni con los irresponsables planes de regadío, que han causado la salinización de las aguas subteráneas, ni con la contaminación de mares, ríos y playas, ni con el cordón de La Habana y los millones de horas de trabajo empleadas en rodear la capital de café caturra, de cuyas metas no queda ni el olor. Nadie mencionará los planes de crías de cerdos, ni la industrialización de Cuba y la diversificación de la agricultura que se ibana lograr, ni las decenas de miles de tractores que enmohecieron y se destruyeron en los bordes de las carreteras en la década de los 60, sin ser jamás usados, ni el tiempo, trabajo y más de cien millones de dólares que se emplearon en la preparación de los juegos panamericanos, y cuyas instalaciones están en ruinas a los siete años de construídas. En todos estos meses se hablará mucho del bloqueo americano y de la ley Helms-Burton, pero no se mencionarán los miles de millones de dólares derrochados en entrenar y armar los ejercitos mandados a Africa y los terroristas y guerrillas para América Latina, ni los secuestros para exigir dinero, ni del entrenamiento que se dió a los terroristas de ETA, y a alemanes y árabes. Tampoco se hablará de la alianza de guerrillas y narcotraficantes, ni de los esbirros mandados por Fidel Castro a Vietnam a torturar prisioneros norteamericanos, ni de la avalancha de millones de dólares que se derrocharon en Nicaragua con el trabajo de miles de cubanos, ni del central azucarero que se regaló, ni se hablará de la glorificación que se hizo de los dirigentes sandinistas corruptos, actualmente millonarios. De nada de eso se hablará. Para que el pueblo siga soportando su lenta destrucción, Fidel Castro y sus voceros acusarán a los culpables de los males pasados y presentes. Y dirán que con el socialismo, o sea, con Fidel Castro, se superarán todas las dificultades. Él y los suyos están convencidos de que los cubanos no podrán romper el yugo, las cadenas que les tienen puestas, que no se decidirán a pagar el altIsimo precio de la libertad. La historia indica que los cubanos sí pagarán ese precio. Desde Washington, les habló Emilio Adolfo Rivero.
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